TRAYECTORIA

¡Hola! Soy Màgic Jaïr (entre nosotros: fuera del escenario tengo otro nombre). Soy Licenciado en Comunicación Audiovisual por la URL (especialidad de Guión), pero hace ya ocho años que decidí dedicarme plenamente al ilusionismo.

En 2004 me tiré a la piscina y me fui a trabajar como mago en un hotel de la costa de Huelva, Andalucía. Todos los días me paseaba por el hotel para entretener a los huéspedes allá donde estuvieran (en el piano bar, en los pasillos, en la piscina...) con todo tipo de juegos de magia de cerca.

Fue una experiencia muy enriquecedora, y es fácil pensar las tablas que se adquieren actuando cada día para un público muy variado y cambiante, que incluye niños y adultos, turistas de toda Europa que hablan varias lenguas y, como nota curiosa, muchas personas ciegas, ya que el hotel pertenecía a la ONCE. Aquellas personas seguían los juegos a través de mi voz, del sonido de los objetos sobre la mesa y ocasionalmente a través del sentido del tacto. Simplemente, no se podían permitir el lujo de no disfrutar al máximo de las imágenes mentales que les sugería aquello que escuchaban y sentían. Con ellas aprendí que la magia de verdad, con su efecto maravilloso y liberador, entendiendo que hacer juegos de magia nada tiene que ver con competir para ver quién es más listo, sino construir una experiencia conjunta que desafíe las leyes racionales a las que estamos acostumbrados.


Y, claro está, quise repetir.

El siguiente destino fue la isla de Lanzarote, en las Canarias. Allí pasé un par de años. Hice muchas cosas, pero la más remarcable para lo que nos ocupa que conocí al señor José Verdejo Rubio, conocido artísticamente como Josverd. Una persona que había hecho magia toda su vida. Se podría decir que era un mago de la vieja guardia. Durante meses lo acompañé diariamente a los hoteles en donde realizaba su espectáculo, y posteriormente, muy poco a poco, empecé a llevar partes del show que a causa de su delicado estado de salud, a él se le hacían difíciles de sobrellevar. A su edad, entonces ya más allá de los 65 años, Josverd mantenía casi intacta una de las cualidades más valiosas para un mago: lo que en inglés llaman showmanship. La capacidad de trascender la fisicidad del material colocado en el escenario para proyectar una personalidad artística hacia el público, y así conseguir divertirlo y entretenerlo, además de asombrarlo e intrigarlo con los juegos de ilusionismo. Aprendí mucho de ver como a pesar de su menguada salud, ese hombre era capaz de hacer magia al más alto nivel, cada día en un hotel distinto. Un entorno, los hoteles turísticos, que si bien no cuentan con el glamour del Lido de París, representan un auténtico reto para un artista. Finalmente, hacia 2006, me hice cargo del espectáculo (con ayudantes estupendas), y lo saqué adelante con éxito hasta que un nuevo reto me hizo retornar a Barcelona.

Este reto terminó por llamarse Màgia per a Pixeloscopi, y es un fantástico proyecto de hibridación de la magia con nuevas tecnologías en el que trabajo actualmente, y que espero que bien pronto podréis ver en el algun teatro.